El Camping

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¡¡¡Que pa , que pasa!!!!

¿¿Cómo va todo??

Esta semana estamos que lo petamos en el blog:

Hemos llegado a los 60 Suscriptores (Bienvenidos a los nuevos) y durante la semana pasada ha pasado ampliamente de los 1K visitas.

Así que, para celebrarlo, tiramos la casa por la ventana y cascamos dos post.

Este es una historieta con la que seguro más de uno y de una se sentirá identificado/a. Porque cuando vas de viaje, en los alojamientos te encuentras de todo y vives experiencias de todo tipo. Algunas bastante particulares:

Aquel domingo fue de esos días en los que, cuando te paras a recordar, te das cuenta de que has corrido demasiado, pero lo has disfrutado a tu manera:

La verdad es que con el tiempo me he vuelto tan… “hippie” a la hora de viajar, que me despierto cada mañana sin saber si lo que había premeditado y todo el trabajo realizado para preparar la ruta van a servir de algo, o habrán sido horas perdidas delante de una pantalla.

El caso es que cuadrar los días tratando de rendir el viaje con sus avatares y hacerlo con un presupuesto bajo, es… jodido.

Además, soy cada vez más “disfrutón” y me gusta pararme a ver con calma lugares a los que muy posiblemente no vuelva nunca… O sí, quien sabe.

El reloj.

Carreteras guapísimas pero de avance lento.

“Joder!! Su p… madre con el precio del hotel!!. Ya puede estar bien”

“Este es barato pero se me va de ruta”.

¿¿Y si avanzo un poco más para que mañana no me pille el toro??

Casi cada día me levanto con la intención de abarcar lo justo para poder ver, y muy de cuando en cuando lo consigo.

Muy de cuando en cuando.

El Camping.

Este fue uno de esos días en los que mi “intención” de viajar más lento, funcionó hasta que llegó la hora de buscar hotel en el teléfono móvil, poniéndome a cuadrar precios y distancias parado en el arcén de una carretera cualquiera.

A ese, de no ser casi indispensable hoy en día para viajar, lo mandaría a tomar por culo cada vez que salgo. Solo sirve para perder el tiempo y meterte prisa.

Llegué a aquel camping con las últimas luces del domingo:

Lo había hecho a lo “a caraja sacada” presionado por una tormenta y una necesidad imperiosa de avanzar que me había entrado durante la tarde. Una neura de estas que te entran sin saber muy bien porqué y que me hizo perderme algún que otro lugar interesante de visitar.

Faltaban como 10 minutos para el cierre de la recepción, cuando consigo plantar mis huesos en aquel sitio, en medio de un viento asqueroso que arreciaba cada vez con más intensidad y tras haber esquivado de milagro a un enlatado cabrón que casi me lleva por delante en su angosto acceso.

Uno de tantos capullos a los que les gusta más tu carril que el suyo, casi me arregla el viaje.

Cuando llego, en la garita no había nadie:

-Me cago en su estampa…

El recepcionista se había pirado.

Para más inri, el alojamiento ya estaba pagado: Lo había pillado el alojamiento aprovechando una oferta de última hora de una de esas plataformas de búsqueda de hoteles por internet, que te obligan a pagar en el momento de la reserva y no es reembolsable.

La cara de gilipollas desesperado que debía tener en esos momentos debía ser mayúscula.

El tema es que no suelo llevar tienda de campaña, un colchón hinchable y saco de dormir. De esa forma, a las malas podría buscarme una parcela libre, montar el campamento y ya arreglaríamos al día siguiente.

Algo que sin duda me plantearé para futuros viajes largos, a costa de ir más cargado, pero también de ser más independiente, aunque sea en camping.

De lo de pernoctar por ahí, de momento paso.:

Primero porque no me veo tan valiente y segundo porque lo de tener una rodilla como la mía que no te permite ponerte en cuclillas me haría rezar todo el tiempo para no tener un apretón nocturno.

Llega alguien:

En la puerta de la recepción, como de costumbre había varios teléfonos de contacto:

Al segundo intento en el tercer teléfono de emergencia, consigo que me conteste una señorita a la que le explico mi situación que ella se toma como lo más normal del mundo. Se ve que no es la primera vez que les pasa.

Unos 15 minutos más tarde (menos mal que vivía en el camping), se persona en la recepción con el mismo aire pachorriento pero amable que tenía por teléfono.

-Si encima se llega a poner borde, le lío una…

Con su imperturbable calma me explica cual será mi alojamiento para aquella ventosa noche y sobre todo como llegar a él. También donde dejar las llaves al día siguiente.

Mejor un Bungalow Cutre que dormir al raso:

Una pequeña habitación con baño de campaña, una cama dura como el demonio, una nevera que congelaba y una pequeña cocina sala de estar, que pronto se quedó raquítica con mis bártulos.

Ah! Y la terraza con el parking justo al lado. Aunque esa vez no la puede disfrutar por el viento, es lo que más me mola cuando voy de bungalow con la moto.

Eso era por lo que había pagado y por lo que había esperado casi una hora.

Por esto y por la inestimable compañía de un puñado de interesados gatos que pronto llegaron a ver si el humano nuevo del bungalow cutre les daba algo de comer.

Se veía que aquel bungalow había vivido tiempos mejores y también unos cantos GP de Motociclismo, además de unos cuantos inquilinos poco cuidadosos.

Por lo menos estaba bastante limpio en general, menos el cubre colchón con los pelillos de turno.

-“Para otra sacrifico de llevar otras cosas, para meter una tienda de campaña una esterilla y un saco de verano. A las malas tendré donde dormir” me juré a mí mismo cabreado por tal falta de profesionalidad.

O por lo menos el saco viendo la jeta que se gastan con el tema de los bungalows:

15 € me querían cascar por alquilar unas sábanas y las toallas. Si son como el resto…

Aunque en el fondo sabía que la noche en una tienda -o peor aún al raso- con aquellas condiciones, no hubiese sido precisamente agradable…

Por pura dignidad, me negué a pagar las sábanas aparte. Después de haberme hecho dar tantas vueltas, lo suyo es que me las hubiesen prestado gratis. Con lo que aquella noche me las ingenié para dormir de la forma más higiénica posible.

“Kit para no morirse de hambre”:

Gracias a ser precavido llevando unas latas, una barra de chorizo, pan de gasolinera del mediodía y un par de cervezas, me libré de dormir en ayunas. Ya que (y esto es de entender en esas fechas) el bar del camping no abriría hasta el jueves.

Siempre suelo llevar un “kit para no morirse de hambre” cuando voy de viaje con la moto:

Consiste en todo lo antes mencionado, más frutos secos o fruta deshidratada, pan de molde del que va empaquetado individual y algo de beber. Lo meto en una bolsa nevera plegable y arreando.

Siempre me saca de algún apuro…

Una Noche Ventosa:

Una vez situado y con los bártulos descargados, lo siguiente fue buscar acomodo a la moto de forma que no me la tirase el viento por la noche.

Tras una ducha, hacer la cena, poner las cámaras a cargar y contarle a mi mujer las batallitas del día, me dispuse a irme a dormir; no sin antes beberme la cerveza que me quedaba con tranquilidad.

Aquella fue una noche de las de dormir tapado. Mmmmmm!!! Y de no ser por el viento que me medio me despertó un par de veces, hubiese sobado siete horas del tirón con el cuerpo cansado por los kilómetros acumulados.

Pero bien. Muy bien…

Al día siguiente…

Al día siguiente me desperté temprano.

Con el sol brillando y los pajaritos cantando, las cosas se ven de otra forma y hasta el camping se veía de otra forma.

El bungalow me seguía pareciendo igual de cutre pero descubrí que el entorno con su embalse / pantano con playa fluvial tenía su aquel.

También que los vecinos chismosos que se interesaban por mí al llegar, eran en realidad vecinos chismosos que parecen vivir en el camping de manera habitual. Inquilinos de larga duración.

Ya más descansado, me apañé un desayuno como buenamente pude (chico creativo y de buen diente vale por dos)

Recogí mis bártulos, me vestí de motero y, siguiendo las instrucciones de la señorita del día anterior, abandoné aquel Camping camino de la Silent Route (enlace).

Lástima de la cafetería. Me hubiese prestado tanto una taza de café antes de salir…

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2 comentarios en “El Camping”

  1. Ramón Parreño Moreno

    No lo he podido resistir… Jajajajaja al final he picado y te he leído.
    Ese campin lo conozco, pasamos un frío en noviembre que parecía que estábamos durmiendo en un iglú.
    Enhorabuena por el trabajo.

    1. Has estado rápido, eh… jeje. Pues yo que no he puesto el nombre para no fastidiar a nadie…La verdad es que no es fácil encontrar uno abierto durante tanto tiempo al año y, con un poco de mimo, lo podrían explotar mucho más. Aunque tampoco es algo que no pase en otros negocios de hostelería. Como en todo, hay de todo. Un abrazo Ramontxu!!

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