El Cabo de Gata:

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El Cabo de Gata:

Sueños de Viajero:

Tras unos pequeños escarceos en mi anterior vida, hará como unos nueve años que he comenzado a viajar en moto un poco más en serio; si es que una actividad tan placentera tiene algo de ello.

Ahora lo hago menos, supongo que para no torturarme. Pero al principio miraba mapas muy a menudo, me «flipaba» con destinos ,carreteras varias, puertos de montaña… y… luego mi cabeza barruntaba durante días ideas locas. Mientras echaba cuentas sin parar, me visualizaba llegando a ellos triunfante.

La verdad es que me ponía terrible. Jajaja!!!

Supongo que tú, que me estás leyendo has experimentado esa sensación más de una vez.

Un hecho casi irrefutable en esta vida, es que cuanto más ansías algo, más suele resistirse.

Siempre había tenido ganas de visitar el sureste de España.

Hace años que he asumido que soy del norte, disfruto del frío y todo lo que no sean temperaturas de veinticinco – treinta grados para arriba, me agobian profundamente.

Y yo siempre había tenido ganas de visitar el sureste de España pero no en verano, ya que odio el calor extremo. Hace años que he asumido que soy del norte, disfruto del frío y todo lo que no sean temperaturas de veinticinco – treinta grados para arriba, me agobian profundamente.

Así que, bien por tiempos, distancia o época, Almería nunca terminaba de cuadrarme en destino.

Peeeeeero, aquí el que la sigue la consigue. Por eso cuando me vi en la final de Cuna de Viajeros teniendo que ir a Peñíscola, me dije: “¡ahora no te escapas…!”

Un Lugar Diferente:

Para un chico habituado al verde y los acantilados llenos de vegetación prácticamente hasta el mar, visitar un lugar casi desértico resulta un cambio brutal. Es por ello que Almería despertó mi curiosidad prácticamente desde que era un niño. Eso, y que queda totalmente en diagonal a Coruña. Vienen siendo unos 1100 km de distancia.

Desde que llegué al Mediterráneo y comencé a descender rumbo sur, el paisaje era un continuo cambio en el que las playas de arena blanca y el agua azul turquesa se mezclaban con el peculiar ambiente de las marismas del Delta del Ebro o La Albufera.

Castillo de Denia

Camino de Carboneras:

Calpe: Una vez y no más.

Más tarde me recibió Denia, de la cual dejando a un lado el tráfico, me quedo con su Castillo y con la Compañía de Miguel; un amigo de redes que pude conocer en persona, y que fue uno de los grandes descubrimientos de este viaje. Un Crack, que me aconsejó sobre como salvar dignamente la zona levantina sin morirme del asco: Autopista y ver cuatro cosas interesantes.

De hecho me obcequé en ver el Cabo de la Nao para no apreciar casi nada, y luego “costear” entre urbanizaciones de turismo masivo hasta Calpe.

Una vez y no más. Con perdón de los oriundos,una mierda de sitio del que se salvan cuatro puntos contados. El resto, cemento y casas colgadas de los peñascos, apiñadas como nidos de gaviotas, pero de lujo.

Mirador Parque Regional Cabo Cope y Puntas de Calnegre:

Tras de unas dos horas de tediosa autopista para evitar el despropósito de tráfico de Alicante, Santa Pola, Cartagena… que me hubiese fundido un día de viaje para no ver casi nada y en la que, raro en mí, casi me quedo sin gasolina; llegué al Puerto de Mazarrón ya en Murcia. Que tampoco tiene nada de especial a parte de ser el lugar natal de Pedro Acosta, pero que resulta bastante más agradable que lo anterior.

Costa despejada, carreta abierta y mucha menos gente.

Aquí comienza lo Bonito:

En mi afán por avanzar, pero con la máxima diversión posible, en un momento indeterminado encontré una carretera secundaria que subía por la montaña dirección a la costa. A ella me dirigí ávido de curvas y sensaciones pal body, pero sin tener ni idea de a donde me llevaría.

Hubo unos segundos de duda en aquel paraje rodeado de montañas e invernaderos, sobre un asfalto que espero hubiese vivido días mejores.

Entonando un gallego “malo será que no termine encontrando donde dormir”; tiré palante por aquella maltratada carretera, en la que mis sensaciones mejoraban metro a metro hasta que por fin…

¡¡¡¡Booooooommmmm!!!!

-“¡¡¡Qué Bonito, Por Dios!!!” Exclamé.

Por fin había encontrado lo que había ido a buscar: Sensaciones puras y paisajes semidesérticos a la orilla del mar.

El contraste de un mar de color azul intenso, la montaña oscura y las luces del atardecer,eran increíbles. Por fin había encontrado lo que había ido a buscar: Sensaciones puras y paisajes semidesérticos a la orilla del mar.

Mientras la carretera se precipitaba colina abajo, no podía evitar mirar de vez en cuando aquella estampa de postal, mientras me cruzaba con coches en aquel asfalto reventado.

El Mirador de la Granatilla:

Mirador de la Granatilla

Continuando siempre rumbo sur, avanzo sin complicarme a aventurarme en tramos urbanos más allá de lo estrictamente necesario y buscando un hotel “a precio” en algún lugar con encanto, siendo lo segundo bastante más fácil de encontrar que lo primero. En estas zonas turísticas ya terminado el apogeo, ya se sabe. Los hoteles que van quedando abiertos bajan el precio lo justo para ser atractivos, pero no lo suficiente para bolsillos tiesos como el mío… jeje.

A mi paso voy dejando de lado pueblos costeros que seguro tienen su aquel, con urbanizaciones para turistas que me interesan nada y menos. Algunos nombres me sonaban de verlos en el mapa, como Águilas o Mojácar, y otros ni siquiera eso. La verdad es que si tuviese un poco más de tiempo y sobre todo dinero, me hubiese quedado unos días a recorrerlos, pues tengo comprobado que de los lugares más inesperados sacas algo bueno.

Un Mirador y Cuatro Curvas:

Pero qué curvas…¡¡Madre de Dios!!

Aquella tarde estaba dando mucho, pero que mucho de sí: La carretera me llevaba y traía paralelo a una costa que desaparecía entre rotondas y circunvalaciones llenas de chavales en patinetes que cruzaban por cualquier sitio, y turistas que me miraban mal sin saber siquiera si iba a parar en el paso de peatones.

-¡¡¡Qué sí. Coño!!! ¡¡Qué voy a parar!!. ¡¡No te pongas así!!

Menos mal que me quedaban esos momentos de relax, rodando casi en solitario junto al mar y aquellas vacías playas del Mediterráneo.

Nada más pasar Mojácar, la perfecta y recta AL-5107 comienza repentinamente a ondularse como sacudida por un terremoto entre rápidas curvas, las montañas se cierran, la pendiente se incrementa, y al menda le ese cosquilleo de cuando atisbas diversión.

Carril de adelantamiento, rebaso un coche, un ciclista (con mucha precaución) y… de repente llegando a la cima, me… acuerdo de que tengo que parar porque no llevaba la cámara grabando.

Uno coitus interruptus más en la vida de un “creador de contenido”.

Cae la noche, y no tengo tiempo de hacer dos pasadas: la del YouTuber y la de disfrutar. Encima todavía no he mirado hotel.

Me pasa el coche, el ciclista que se precipita carretera abajo como si lo persiguiese la muerte, y yo disfruto a cámara lenta de aquellas increíbles cuatro curvas más las bellas vistas del Mirador de la Granatilla. Una carretera de anuncio, con un asfalto perfecto.

Anda que no molaría darme un par de vueltas al día siguiente por estas curvitas… Pero no tengo tiempo. He de seguir camino.

-¡Jo Der!.

Visitando Carboneras:

Paro mi moto a pie de carretera, justo en frente al mosaico de letras que un día fueron originales, pero que ahora encuentras prácticamente en cualquier aldea perdida, y que ya comienzan a aburrir. Se ve que dan dinero.

Ayuntamiento de Carboneras

Me apresuro a buscar un hotel barato, lo más céntrico posible, que se llegue fácil, y si tiene parking gratis mucho mejor (menudo chiste) para evitar dejar mi Teneré en la Calle.

Premisas que siempre tengo presentes, pero que muy raramente suelo cumplir, por lo menos todas juntas. Jeje.

Al final, como de costumbre reservo un poco “al chou” sin conocer, y me aventuro pueblo abajo buscando mi morada y rezando porque el sitio esté mínimamente bien.

Allí me encuentro Al Recepcionista, un tipo tal y como te conté hace unos días, un tanto peculiar.

Y para gente peculiar, la surrealista escena que viví mientras me tomaba unos vinos en el pueblo un rato después.

Te Trinco los Huevos

El Cabo de Gata: Un Sueño Cumplido.

Ya por la mañana me despido de Carboneras, para sumergirme de lleno en un Cabo de Gata en el que me hubiese gustado quedarme un par de días para verlo con calma.

Porque mis expectativas sobre él eran altas, pero se vieron más que superadas.

Es Precioso, mágico, increíble… y el poder visitarlo con tan poca gente resalta todos los adjetivos que me vengan a la cabeza.

-Tierra de tesoros en forma de oro y sal.

-Ocupado por griegos, fenicios, romanos y árabes.

-Refugio de Piratas y Contrabandistas.

-Leyendas sobre tesoros escondidos por sultanes.

Hoy en día es un parque natural de gran belleza.

Sus colores amarillos, ocres, rojizos.

Su orografía de origen volcánico hace que por momentos te imagines rodando por carreteras al borde del desierto, hasta que te encuentras con el “mar de plástico” de los invernaderos. La agricultura intensiva.

Cada kilómetro por estos parajes es una delicia. Un regalo como cada uno de los de esta segunda oportunidad.

El Mirador de la Amatista:

Tras dejar carboneras, mi primer contacto con la costa es en el Mirador de la Amatista, que debe su nombre a un afloramiento de cuarzo amatista cercano.

Enclavado en una zona de gran riqueza volcánica con acantilados de hasta 200 metros, sus vistas de son increíbles.

La primera mina de oro de la zona.

Puesto de vigilancia de piratas.

Por aquí anduvieron Indiana Jones en La Última Cruzada y el Clint Eastwood pegando tiros en La Muerte Tenía un Precio.

La verdad es que el sitio es espectacular, pero no me imaginaba que estuviese tan “concurrido”.

A él llego rodando por carreteras de asfalto casi perfecto, con continuos cambios de rasante que atravieso esperando una nueva sorpresa tras cada loma.

Como llegar este mirador sin imaginar, ni de lejos que fuese así.

Dejando atrás este rinconcito del parque, continúo rodando con un ojo todo el tiempo puesto en la costa y esta luz tan especial.

Hay dos cosas que me han encantado de este lugar:

Por un lado rodar casi en solitario. Despreocupado del tráfico. Solo la moto, la carretera y yo.

Por otro, y el gran contraste con el Levante, la ausencia de edificaciones. De Cemento.

Que la protagonista sea la naturaleza en un lugar tan turístico. Los hoteles serán más caros, pero las vistas ganan muchísimo.

Ojalá que esto dure para siempre.

Llegando al Cabo:

Vistas del Cabo de Gata

 

La ALP-822 es una pista que recorre la costa entre San José y el Cabo de Gata, comunicando ambos puntos, al tiempo que da acceso a calas y playas.

La valoré muy seriamente porque seguro que sería la mejor opción para ver esto plenamente, pero ante la duda de que fuese transitable de forma legal en su totalidad, no me la jugué y decidir ir por carretera.

Estas cámaras tienen para mí dos cosas malas:

1.- No se aprecian las pendientes.

2.- Por muy buenas que sean, difícilmente se aprecia realmente la belleza del lugar.

Es para vivirlo:

Porque recorrer este tramo que separa Cabo de Gata del Faro de Cabo de Gata es para vivirlo. La Recta con el mar a un lado y la marisma y las salinas al otro.

Cabo de Gata. Almería

La brisa del mar… joder. Es una Pasada, por no hablar de estas vistas de la costa cuando comienzas a enfilar el faro.

Como puedes ver, el faro está algo concurrido.

Me acerco al chiringuito a comprar un recuerdo y algo de beber, y pongo a charlar con su dueña. Una señora tan encantadora…

Me pregunta de donde vengo, me aconseja puntos a visitar, y me dice que este es el momento del año que más disfruta de su trabajo. Pudiendo charlar con la gente sin el agobio del turismo de masas y los malos modos de turistas ansiosos y maleducados.

Dice que a estas alturas no está para tantos agobios, aun a costa de facturar un poco menos.

Su mente lo agradece….

Yo me lo paso pipa dando vueltas, sacando fotos y disfrutando de haber cumplido un objetivo más:

Cabo de Gata. Elmoteroredimido

Llegar al Cabo de Gata.

El «Cabo de las Ágatas»

Lo Imposible tarda Solo Un Poco Más

 

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2 comentarios en “El Cabo de Gata:”

  1. Ramón Parreño Moreno

    «Otro objetivo conseguido»… la vida es eso: conseguir objetivos, al plazo que sean Jose.
    Un abrazo fuerte.

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