El Recepcionista

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El Recepcionista:

Una de las cosas a las que has de adaptarte cuando viajas, es que a medida que avanzas los paisajes cambian y con ellos las personas, sus formas, costumbres, etc.

Los recepcionistas de los hoteles no son una excepción, por muy correctos y profesionales que se les supone; sobre todo en la vieja Europa y lugares más céntricos. Luego en el resto, no tengo mucha idea porque no he viajado tanto como otros.

Era tarde cuando llegué a aquel hotel en el centro de Carboneras, Almería. Lo había reservado casi in situ por una plataforma, por no ponerme a dar vueltas pueblo adelante. Exhausto tras un largo día de viaje en moto.

Un Bungalow en Denia:

La noche anterior había dormido en un bungalow de un camping a la entrada de Denia, y me había atendido una chica de unos cuarenta años, pelo castaño, aspecto súper cuidado… Muy seria, seca y profesional en un principio; a la tercera vez que hablé con ella comenzó a soltarse al tiempo que la sequedad se transformó en atención. Seguía siendo seria, pero ya más amable. Una atractiva mujer, con un curioso y marcado acento valenciano, que tiene su puntito.

De vuelta a Carboneras:

En Carboneras en cambio, se transformó en un tío grande, de aspecto desaliñado, que más parecía un buscavidas que un recepcionista de hotel. Hasta el punto de que me lo había encontrado deambulando por los alrededores al llegar, y para nada me hubiese imaginado que era el recepcionista.

No es la primera vez que me pasa, pero este me dejó particularmente descolocado.

Sobre todo el haber entrado en lo que supuestamente era mi hostal, y encontrarme con un cartel que ponía “le atendemos en el hotel… X. El de enfrente”, cuya recepción estaba también vacía.

”Cago en la puta… Ya me he metido en otra”.- pensé.

Aquello era tan surrealista, que solo le faltaba el cartel de “Vuelvo ahora”. Pero no. En su lugar había otro con varios teléfonos de emergencia. Así que viendo la hora, me puse a llamar uno por uno hasta que por fin me cogieron:

– «¿¿Hotel …. Carboneras. En que puedo ayudarle??.»

Mira, que tengo una reserva, estoy en la recepción, y aquí no hay nadie.

– “Ah! Sí… le he visto entrar hace un momento. Ahora voy para ahí.”

Pues sí, era aquel hombre que estaba en la puerta del bar de al lado tomándose su cervecita mientras veía la vida pasar.

Con ese mismo aire pero ya más activo, se presentó por fin en recepción. Con un curioso acento entre sudamericano y andaluz, el tío tenía una labia de comercial tremenda.

La verdad es que su aspecto no era el mejor para estar de cara al público: con aspecto de haberse levantado de la siesta. Su camisa estaba al límite de la talla, hasta el punto de que botón y ojal se abrazaban con fuerza resistiendo el envite; cual policías haciendo un cordón, mientras tratan de contener a una muchedumbre enfurecida; y el decoro que guardaba era porque se veía medianamente limpia. Pantalón oscuro y arrugado. De él parecía precipitarse al vacío un llavero que tarde o temprano se caería sin remisión.

Encima el hombre acababa de tomarse un corto, su aliento olía a cerveza… Ya tú me entiendes.

Casi tan desaliñado como diligente me indicó que mi habitación estaba en el hostal, tercera planta, sube por las escaleras…

Toca Negociar:

Con ese punto comercial que tenía y viendo que no había mucho movimiento en el hotel, le comenté:

-“Pfffff… mira una cosa le dije: ¿¿No tienes una habitación baratilla en este hotel?? Es que tengo una rodilla chunga, y estoy súper cansado para subir escaleras veinte veces.

– “No, lo siento me respondió. Este está completo. Pero el que está justo al lado del hostal también es nuestro, y por unos ocho euros más, le puedo gestionar una habitación. En ese sí tendría ascensor”. Espere que llamo un momentico, y lo compruebo.”

-Muchísimas gracias. La verdad es que me haces un favorazo.

Lo comprobó, lo confirmó, lo arregló todo para cambiarme la reserva… Al final no hay nada como observar un segundo y tratar de adaptarse a la situación.

Al final seguía teniendo un aspecto un tanto extraño y poco formal para estar en una recepción, pero su amabilidad y diligencia los suplían con creces. Un tipo súper majo, la verdad.

Siendo sincero me vino cojonudo porque, sin ser el segundo hotel para tirar cohetes por lo que pagué, el hostal era bastante peor, olía a tabaco que te mueres, y encima no tenía ascensor.

Venga va, ahora sí…

Mi Primer Relato Motero:

Al final sin quererlo me ha salido mi primer Relato Motero. Un pequeño guiño a los recepcionistas de los hoteles que nos vamos encontrando en los viajes, y que a menudo pasan por nuestras vidas sin pena ni gloria.

Nos vemos en el siguiente Post.

Lo Imposible Tarda Solo un Poco Más.

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2 comentarios en “El Recepcionista”

  1. Joe José, cada día te superas en la escritura, me ha encantado la descripción del recepcionista, vas camino de ese gran escritor y quizá hasta poeta motero-urbanita.
    Un saludo, se aprecia mucho ese saborcillo amargo colorao y simpático en el orden que pones a las letras para que suene propio y nos saque una sonrisa.

    Un abrazote desde la otra esquina.
    Carlo+

    1. Muchas Gracias Carlos!!! Dios! Que vivan los halagos… jajaja. La verdad es que tendría que leer y escribir un poco más, que estoy un tanto dejado. Eso sí, te lo compro todo, menos lo de «urbanita» que, aunque viva en un pueblo, mi corazón es más de campo que las zarzas… jeje. Un Abrazo!!!

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