Mañana hará dos semanas que he vuelto a casa de Alpes y todavía no me había puesto a escribir en serio. Durante los días posteriores al viaje, el cansancio físico y mental junto con un montón de recuerdos desordenados. Sensaciones enfrentadas que dieron paso a una total sensación de vacío.
-“¿¿Y ahora, qué??”
Un gran Objetivo te llena de ilusión, ambición… suele necesitar de trabajo, constancia, capacidad de sufrimiento, además de mucha dedicación para alcanzarlo, pero una vez vivido te deja totalmente “chof”.A merced de volver a caer en la monotonía de la vida diaria.
La siguiente semana hizo un año de que nuestra amiga Patri – Nuestro 7- nos dejó. Como comprenderás, por mucho que ella sea en parte protagonista de este viaje, no… tenía ganas de nada más que entretener la cabeza con cualquier cosa.
Anteayer, 21 de Septiembre, nos hemos juntado un montón de amigos con parte de su familia para hacerle una fiesta. “Un brindis por Patri”

Alpes en Moto 2024: Lo Imposible ha Tardado Solo un Poco Más.

Tal y como te contaba en su día en la entrada Operación Alpes 2024, este viaje conmemora los 10 años del accidente que me ha traído hasta aquí, que ha cambiado totalmente mi vida y que ha hecho que de cada nueva ruta se transforme en un desafío físico y mental.
Si me conoces, sabes que en lo mental no tengo arreglo y que estoy fatal. jeje.
Lo físico representa una lucha constante para mantener lo conseguido, retrasando en lo posible el avance de ciertas secuelas. Por lo que este viaje ha resultado un esfuerzo extra para el que me he tenido que preparar (como siempre con los amigos de S&C Coruña) , llevándome al límite en más de una ocasión.
Si cuando hace diez años me di contra aquel guardarraíl, nadie pensaba ni de lejos que llegaría a volver a montar en moto, imagínate hacer este viaje.
Muchos recuerdos, sentimientos y emociones han aflorado durante casi cada etapa.
Por ello esta vez, en lugar de una fría y escueta crónica de las mil que hay en internet, me he propuesto contarte (espero conseguirlo) mis sensaciones sin tapujos sobre el viaje en sí y los lugares que he visitado. Casi todos realmente míticos.
Aquella partida fue diferente:
27 de Agosto, el día de nuestro aniversario de bodas. Ni que lo hubiese hecho a posta. Pero no.
A veces los viajes son caprichosos y, de no haber salido hoy tendría que haber esperado una semana por el ferry. Tiempo que no tenía si quería llegar a la fiesta de Nuestro 7.
20 días para un viaje de entre 6000 y 7000kms.
En 23 años nunca hemos estado tanto tiempo separados ni tan lejos el uno del otro. Por eso cuando estaba a punto de irme, ella no pudo contener más aquella lágrima que, aunque no lo admita, llevaba dentro seguro unos cuantos días y que me rompió el corazón.
Esta aventura comenzó plena de ilusión, pero con muchos sentimientos encontrados.

Primera foto en una esquinita de La Plaza de Betanzos. Había mercadillo, el sol luce tímidamente y la carretera todavía está húmeda. Hubiese sido un delito y un despilfarro de neumáticos haber salido de Galicia por autopista. La N-VI por zonas está para matarse llena de hoyos y gravilla.
-“Ya me llegarán las rectas de Castilla para pensar”. Me decía entre curva y curva. Ritmo tranquilo, avance constante.
La ruta de aquellos dos primeros días por lugares casi todos conocidos me resulta tan intrascendente como imagino la vuelta. De buena gana me tele transportaría en ambas ocasiones. Es lo que tiene vivir en la otra punta de España. Galicia es diferente en muchas cosas al resto, pero en este caso el Finisterre son entre 1500 y 2000km de más para cualquier viaje por carretera.
A la ida la idea es optimizar ritmo y recorrido para evitar un excesivo desgaste de los neumáticos con la moto bien cargada. Unos 40kg llevando lo mínimo de lo mínimo en cuanto a ropa y efectos personales, pero portando material de acampada, un portátil pequeño, cámara de video, cables y demás historias. Es lo que tiene la vida de bloguero. Y eso que me dejé la cámara de fotos en casa para no llevar la sobre depósito.
Las Bardenas Reales: Casi me comen los mosquitos.
Nada más bajarme de la moto delante de la casa rural rompo a sudar como si todo el calor acumulado del día quisiese salir de mi cuerpo de golpe.
Tanto en Castilla como en La Rioja el cielo está medio nublado y el calor es infinitamente más llevadero que otras veces, pero las Bardenas son casi un desierto por algo.

Escogí este lugar para dormir por precio, por no separarme de mi ruta y porque tengo, aunque en teoría de pago, un parking privado. Iluso de mí espero que yendo en moto se apiaden y me rebajen la tarifa. Total, una moto entra en cualquier esquina. Salvo los establecimientos pro moteros, tengo la sensación de que de se están aprovechando de nosotros más que nunca, porque los precios que nos cobran por un hueco en cualquier galponcillo son para enfadarse.
10€ me cobraron aquella noche en un parking cerrado pero no cubierto en el que no tenían a nadie. Pero era eso o subir 15kg de petate hasta un tercero sin ascensor, y no tenía ganas.
En el pueblo hay cierto ambiente:
La gente charlando al fresco además de algún que otro turista cenando en el bar, me animan a bajar a tomarme una cerveza y pinchar algo rápido. Antes, me doy una ducha bien fría para despertar de ese sopor de ruta que apenas recuerdo ya.
Nada más sentarme en la terraza, una inmensa horda de mosquitos comienza a atacarme de forma totalmente despiadada.
Parece como si todos los de esa especie de ciénaga que rodea las Bardenas Reales hubiesen venido a por mí. Me refugio dentro del bar para cenar, pero hasta aquí dentro hay. Durante la noche duermo lleno de enormes granos que no dejan de picarme y supuraron durante un par de días. Cabeza, piernas, brazos… ninguna parte de mi cuerpo que estuviese a la vista se libra.
Menuda forma más «alegre» de comenzar mi gran viaje.
El Ferry
En Zaragoza hago esa primera parada desesperada para un café. Esto de no poder tomarlo a primera hora es un auténtico coñazo pero si los años no perdonan, los achaques que comienzan a sobrevenir, tampoco.
Justo cuando me dirijo a repostar me encuentro con un compi pucelano que, a lomos de su Tiger 1200 se dirige cargado de ilusión a realizar su primer viaje en solitario: transpirenaica, una vuelta por el norte y para casa. Poca broma. Pero primero va a Cervera a ver donde han nacido los hermanos Márquez.
Esta será la última conversación en nuestro idioma durante unos cuaaaantos días, jeje.
Siento ser tan malo con los nombres pero tío, si lees esta crónica, recibe un cordial saludo.
Llegada a Barcelona sin pena ni gloria. No me gustan demasiado las ciudades y contra más grandes peor. Solo estoy concentrado en no perderme mientras hago los recados necesarios antes de que la Teneré y yo nos metamos por primera vez en un ferry.

Comprar comida para el viaje, repostar a tope la moto, comer y, finalmente acertar con el muelle del ferry. Todo listo.
De camino solo me permito el lujo y la licencia de marcarme un tramito de curvas. Apenas 25km que de primeras fueron extraños pero gratificantes antes de plantarme en la vorágine de la city.
No acierto a recordar la temperatura pero para mí aquello era sofocante, insufrible, agobiante cargado de Goretex y con aquel tráfico incesante.
¿¿No va luego el Fede y me dice que no era para tanto??
-Chaval: que yo soy del norte, muy del norte y de los que llevan fatal el calor…
Como la salida de un Gran Premio:
Imagínate que cara podría llevar, cuando nada de llegar al puerto, un empleado de la compañía de ferrys me ofreció una botella de agua fría. Eran como las 16:30 el sol pegaba bien duro… bueno; lo de antes.
La tarde de espera fue eterna:
Los nervios de la primera vez hacen que llegue con más de dos horas de adelanto. Yo que casi siempre voy con el gancho de horarios.
Además de no conocer a nadie, todos los de mi alrededor eran italianos; con lo que no tengo con quien hablar. Tras dos tediosas horas, no aguanto más y llamo a casa para matar el rato. Ya tendré tiempo a estar incomunicado en el barco.
Las 7, las 8, las 9…
-“Es imposible que quepan tantos camiones en ese barco tan pequeño” pensaba mientras los segundos se hacían horas.
Mi rodilla comenzaba a protestar seriamente: he estado sentado largo tiempo sobre un asiento totalmente improvisado, mis posaderas no pueden más y como es lógico cuando quiero darme cuenta mi asiento había sido “requisado” por el grupo de italianos.
De repente y durante la tercera conversación con mi mujer, el empleado que había repartido las pegatinas comienza a bracear al tiempo que decía algo así como… “¡¡abanti!!” o “¡¡andiamo!!”
No sé si se apiadaron de nosotros o nos vieron ya más nerviosos de la cuenta, porque todavía quedaban un par de camiones + los coches por cargar.
-”chao… me voy… hablamos en un ratillo”
Sin tiempo a colgar, veo como me adelanta media parrilla.
El sonido es ensordecedor, me pasan motos por todas partes mientras me coloco como el casco como puedo y me monto en mi moto a toda prisa. Parece la salida de un gran premio y yo salgo desde del pit lane.
No tengo ni puta idea de lo que tengo que hacer. Había mirado algo en internet los días anteriores, leído las instrucciones que me había enviado la compañía y ya.
Así que me limito a seguir con toda la precaución a los de delante hasta llegar al barco para subir un par de rampas, la segunda con buen desnivel. Ya dentro toca sortear los puntos de amarre con cuidado de no patinar, seguir las instrucciones de los estibadores, recoger las pertenencias y para dentro.

Como un mini crucero, pero con las bodegas repletas de camiones:
Una vez dentro aquello eso es un auténtico caos señalizado como si tuvieses que conocer el barco de memoria o si hubieses montado en ferrys toda la vida. Un hormiguero de gente que pulula de un lado a otro apresurada y hablando en idiomas extraños mientras yo, más perdido que un pulpo en un garaje, trato cargado como una mula (una vez dejas la moto no puedes volver a buscar nada a ella) de encontrar mi camarote; y cuando lo hago no va la tarjeta magnética.
-“¡¡¡MIERDA. ME CAGO EN…!!!” vocifero para mis adentros. “Ahora encuentra tú en este laberinto blanco un sitio para que te den otra” y cansado y cargado.
Tras un par de vueltas un empleado que me envía a una mesa dos plantas más arriba en la que otro empleado que habla cuatro palabras en diferentes idiomas trata de agilizar el tema.
El camarote es escueto, espartano, blanco. Dos camas, dos literas una mesa con una silla, algo parecido a un armario más un baño con lavabo, pileta y ducha que me recuerda a esas habitaciones tipo cabina de una conocida cadena de hoteles de carretera franceses. Para mí sólo tengo espacio más que de sobra, pero imagina cuanto amor y humanidad haría falta para convivir allí cuatro personas casi un día entero.
Esa noche dormí como un bebé mecido por la vibración del barco. Los granos de los mosquitos habían comenzado a supurar, pero cada vez el picor era más soportable.
Una de las partes más temidas de este viaje fueron las más de veinte horas que tendría que pasar encerrado en un barco, sin internet y sin conocer a nadie.
Esto parece un mini crucero austero, pero con las bodegas repletas de camiones. Tiene de todo para sacarte un poco de dinero: tiendas cafetería, sala de juegos de azar, restaurantes… A parte de pasillos y zonas comunes me gustaría saber si hay algún lugar en cubierta para pasear mientras te aireas un poco.
A media mañana salgo a estirar las piernas para terminar tomándome un café en una cafetería que por momentos parece devolverme, no me digas porqué, a una sala de fiestas de los años 80. Trato de buscar a algún motero con quien charlar. En el centro hay un grupito de tres, de los cuales dos me resultan conocidos, pero no quiero interrumpir.
Cuidado con las de la limpieza, que son bravas:
Algo que me resulta curioso en esto del ferry es lo poco directos que son. Con lo fácil que es decirte que, cuando te avisen de que en X tiempo llegarás a puerto es para que recojas tus pertenencias, dejes el camarote y te pires para las zonas comunes.
En lugar de eso se limitan a lanzarte avisos en diferentes idiomas de que te aproximas al puerto y ya.
Todo esto lo descubro a las bravas cuando, tras ignorar un par de esos sutiles avisos, escucho como las señoras de la limpieza comienzan a aporrear las puertas de los camarotes “invitando cortesmente” a los rezagados como yo a que me largase. Todavía falta bastante más de una hora y no tengo ganas de ponerme ya el traje de moto, pero aquella mujer no me da opción.
-“¿¿Do you speak English??”. “Gracias… Gilipollas”
Al igual que el embarco, el desembarco es una caótica salida de un Gp. De esas de SS300 que salen mogollón juntos. Cuando nos mandan para las bodegas, el barco acababa de pararse y el calor era insoportable. Empaco mis cosas al tiempo que suelto la moto (la habían atado ellos) mirando si hay algún desperfecto. Todo Ok. Luego nos metemos dentro del barco buscando el aire acondicionado.
Nada más salir del barco llega el primer momento de cierto agobio de este viaje: Sabía que cuando llegase a Civitavecchia estaría solo, en un país que había pisado lo justo y a una hora en la que el tiempo apremia para buscar un lugar donde dormir esa noche.
No llevo nada reservado para el primer día porque no sabía a que hora llegaría el barco y todo era una incógnita. Mientras atracaba traté de buscar en internet un hostal o camping, pero estaba indeciso y perdido.
En un momento determinado de aquel desembarco veo una moto parada. Una custom con matrícula española, y me acerco a preguntarle algo no recuerdo qué:
– “Hola chicos, perdonad…”
– “¿¿Do you speak English??” me respondió él.
¡¡¿¿Eh??!! Estoy flipando mientras vuelvo a mirar aquella matrícula. Sí, es española.
– “Ah… nada. Perdona” le digo al tiempo que me doy cuenta de que me he encontrado al primer gilipollas del viaje, y es español.
Hace falta ser chungo y tenerlo ensayado para hacer algo así. A mí desde luego no me sale.
En fin…
Mi Primera vez en un Camping:
Llego a aquel camping de la Toscana pasadas las 19:00. Me queda en ruta y es el tenía mejor pinta en el google a un precio razonable.
Aunque parezca un sibarita, hasta aquel momento siempre había dormido de tienda en concentraciones, principalmente invernales, pero nunca a mis… esos años lo había hecho en un camping de tienda. Siempre en bungalow. Con lo que no sabía cuanto costaba ni lo que tenía que pedir… Imagínate en italiano. jajaja!!
Así que me planto en aquel hermoso pinar al lado de la playa en el que me recibe una chica muy amable y sonriente que, tras avisarle de que no hablaba casi italiano, me cobra 37€ por una parcela sin corriente ni nada. El lugar es chulo, cómodo, bastante moderno, mi tienda está cerca de todo, la puesta de sol… me parece algo caro, pero es lo que hay.

Para este viaje me he comprado una de esas tiendas del decarton que se abren tirando de un cordón, que pesan / ocupan un huevo más parte del otro, pero que para mí que apenas me puedo agachar resultan increíblemente cómodas de montar y desmontar. Que me animan a acampar.
Es un camping familiar, bastante tranquilo. Lleno de chavales que flipaban al ver a un motero y que me saludan durante sus paseos. Resulta ser una noche súper agradable, los precios en el interior del camping realmente baratos y me di un pequeño homenaje de pizza y cerveza italiana amenizadas con música para familias hasta las doce de la noche.

-“Definitivamente, he tenido suerte. Un gran lugar para comenzar mi viaje”- pensé.
Por cierto: Que bien huele la Toscana…
Continuara.
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Bueno ya estas en Italia. Seguimos.
Gracias por leerme. Un abrazo!
✌️👏✌️👏👏👏👏👏
Gracias! Un Abrazo!!
Bien la entrada del viaje .Vsssss
Todo un ejemplo de superación Jose💪💪💪 entretenida lectura. El sujeto pseudo inglés con placa Española valiente atontado, espero que el karma se lo devuelva multiplicado por 20 en algún momento…😂🤣😂🤣
Un abrazo
Muchísimas gracias Salva!!. Lo de ese sujeto… en fin.
Enhorabuena y envidia de viaje.
Muchas Gracias!!
Crónica fantástica!
Mooitas Gracias!!
¡Qué envidia !
Yo que tengo moto, maletas y capacidad de ahorro para hacer un viaje así…simplemente no lo hago por vagancia. O porque no encuentro con quien ir . Y vas tú, un tipo gallego como yo, con una rodilla que conoció tiempos mejores, sobre una moto enorme y pesada y lo haces.
Disfruta y sigue contando a los débiles de espíritu como yo qué te encuentras por ahí.
Pues yo creo que es un tema de decisión. Yo no fui acompañado porque por temas físicos me es imposible asegurar realizar un viaje en un tiempo determinado. A parte de eso, no es fácil encontrar gente con la que entenderte bien durante tantos días. Por lo demás, no soy un tipo especialmente aventurero (más bien todo lo contrario) pero Me Flipa Viajar en Moto.
¿¿Eres Gallego de donde??
Un Abrazo y muchísimas gracias por tu comentario. Es realmente bonito!!
Gallego de Ponte Caldelas (Pontevedra). Un día quedamos a medio camino y echamos una charla.
Por supuesto! Faltaría más. Es poner día y hora y listo!
Gallego de Ponte Caldelas (Pontevedra). Un día quedamos a medio camino y echamos una charla.
Yeppp gavilán. Acabo de leer tú crónica que tenía atrasada, y me ha gustado vas haciéndolo muy fresco y entretenido hay momentos en consigues que el lector esté contigo.
Un abrazo y voy a por la segunda.