Chocar contra un Guardarraíl: El día que cambió mi vida

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¡¡Hooola Buenas!!

¿¿Cómo va todo??

Hoy os traigo un post que va a hacer pensar sobre lo que es la auténtica seguridad vial y los peligros que nos encontramos en la carretera. Sobre todo esos a los que se nos expone de forma totalmente deliberada. Pero cuando el accidente se produce, los irresponsables, negligentes y temerarios somos nosotros: Los Moteros.

Chocar contra un Guardarraíl: El día que cambió mi vida

Amaneció lluvioso en aquel domingo de otoño.

Apenas había podido rodar en el último mes. Lo justo para rodar las ruedas nuevas en un día de ruta junto a mi amigo Miguel. Las que traía mi Varadero cuando la compré meses atrás, habían terminado en los avisadores tras un viaje inolvidable: Costa vasca, Pirineos, Loarre,  Zaragoza, fin de semana de carreras en Aragón. Kilómetros curvas, cultura, gastronomía, familia…

Alegría tras unos meses complicados. El último viaje acompañado que he hecho hasta la fecha.

No vengas hasta aquí. Nos encontramos en la carretera que va a A Silva. Salgo ahora mismo

Aquí en Coruña los moteros no solemos tenerle miedo al agua. De hecho, si te compras una moto en el norte pretendiendo rodar sólo cuando hace sol, habrá meses en que esta no salga del garaje.

Siendo totalmente sincero, no tenía intención de salir aquella mañana aunque en el fondo me moría de ganas tras casi un mes de obligaciones, cansancio y estrés. En ese tiempo apenas había llovido, con lo que las carreteras es posible que estuviesen complicadas y resbaladizas; pero ya se sabe lo que es el ansia del motero por rodar. Coger la moto con o sin rumbo mientras buscas la siguiente curva.

Sí, llovía. Pero iba bien equipado, ruedas nuevas, moto a punto (como siempre)

-¿Qué podía salir mal?

Eran más de las nueve y Josiño llega tarde: “Pero mira que es desastre…”

Espera que te espera, tomo el primer café en la gasolinera de Ledoño como otras tantas veces, hasta que por fin me llamó diciendo que se había quedado dormido y venía de camino.

“No vengas hasta aquí. Nos encontramos en la carretera que va a A Silva. Salgo ahora mismo”

La AC-523  es una carretera amplia, rápida y con muchos puntos de adelantamiento, curvas de radio amplio y buena visibilidad. El único «pero» es que está muy transitada por camiones; motivo por el cual fue ampliada y pese a ello el asfalto no siempre está en las mejores condiciones.

 

 

 

 

 

 

Nada más salir me encuentro con un coche que circulaba a velocidad reducida, y que al verme iniciar la maniobra de adelantamiento, su conductor@ comienza a acelerar con fuerza. Esto  de que los coches se piquen o no te respeten  cuando vas en moto, es tan habitual como irritante. Aceleran en los adelantamientos, se meten en medio de los grupos, sembrando el caos y poniéndonos en peligro. No miden… Una Mierda.

La Carretera está Fatal:

Desde el primer momento que pisé aquella carretera, por momentos tuve la sensación de que algo no iba bien. Notaba cierta inestabilidad en la moto, como si resbalase en algunos puntos… algo muy extraño. Intentaba comprobar el agarre o ver si había aceite, pero un asfalto empapado y brillante no me dejaba ver lo que había debajo.

¿¿Serán las ruedas??

Pero cuando las estrené rodamos bastante en lluvia y las sensaciones habían sido buenas. Todo lo contrario que ahora.

“¡Ostia: El Guardarraíl!”

Ese. El cachito reparado

 

 

 

 

 

 

 

De pronto enfilo una larga curva de izquierdas por el carril derecho. Nada más entrar la rueda trasera patina y sin darme apenas tiempo a reaccionar, noto como la rueda vuelve a patinar mientras la parte trasera de la moto se descontrola dando bandazos cada vez más fuertes y pronunciados mientras siento que mi cuerpo comienza a flota.

De repente me veo en el aire descabalgado mientras las leyes de la física nos envían a ambos fuera de la curva.

“¡¡Ostia: el Guardarraíl!!”.

Cierro los ojos muy fuerte esperando el final, al tiempo que noto un fuerte impacto en la pierna, seguido de otro de mi cabeza contra el suelo para terminar arrastrando de espaldas unos metros sobre el asfalto mojado, al tiempo que pierdo el conocimiento.

Cuando me despierto aturdido y rodeado de unas cuantas personas, escucho una voz de mujer que me dice:

-“No te levantes. Tu pierna está bastante mal”

Miro hacia abajo. No consigo verme el pie derecho. Solamente el pantalón roto.

Esta chica me tranquiliza, y mientras la ambulancia llega intenta calmarme.

-“¿Quieres que llame a alguien?”

Entre nervios y con su ayuda, conseguimos sacar mi teléfono del bolsillo de la chaqueta para poder llamar a mí mujer. Recuerdo perfectamente haberle dicho: “…. He tenido un accidente. Tranquila, que estoy bien. Ven y no llames a mis padres”

Un par de minutos después (no sé como) llamé a mi amigo: “No me esperes, que no llego. He tenido un accidente”

La Ambulancia:

– «¿¿A que hospital te llevo??» Me pregunta el tío de la ambulancia.

A mí que cojones me preguntas. Pensé yo: Estoy lelo perdido del hostión que me acabo de dar. La pierna reventada comienza a despertar, el dolor es terrible y yo solo quiero que aquello termine. Como sea, pero que termine.

Luego me dice no se qué de que el privado está más cerca y no se qué… (la diferencia no son ni cinco minutos entre uno y otro) «al que esté más cerca» sentencié.

Mal. Muy Mal por mi parte y ya verás porqué.

Todavía recuerdo como me meten en una camilla en la que de pronto parecía que algo se inflaba fiándome a la misma y presionándome la rodilla. Una sensación… jodida, la verdad. Pero peor fue la de ir contando los baches de la carretera en aquella ambulancia de mierda que tenía las suspensiones de piedra, o eso me lo pareció a mí.

El Hospital:

 

 

 

 

 

 

 

Lo siguiente fue un puto delirio: A tope de calmantes en vena, alterno momentos de lucidez con desmayos, despertándome cada vez en un lugar diferente. Una larga pesadilla que parecía no tener fin. Lo más raro es que cada vez que despierto no siento nada. Es como si mi cerebro no quisiese saber nada de todo aquello.

Finalmente me despierto tras una larga operación de reconstrucción de una pierna que no esperaba ver en su sitio. En una habitación del hospital que fue mi hogar durante 12 interminables días.

Allí estaban parte de mi familia y unos cuantos buenos amigos. También mi mujer: mi inseparable compañera de vida.

-“¿Podré volver a caminar normalmente?” Pregunté a la doctora.

“Ya veremos. De momento hemos conseguido salvarte la pierna. Pero Muy por los pelos.”

Había conseguido sobrevivir a un accidente contra el enemigo natural de un motero (algo que no siempre pasa):

Una Guardarraíl de esos cuyos postes siguen sin proteger, porque Siempre nos dicen QUE NO HAY DINERO.

Pero para sueldazos, pensiones vitalicias y mierdas varias, Siempre hay Dinero.

Parte de Lesiones.

 

 

 

 

 

En la pierna derecha:

Arrancamiento de casi todo el tendón rotuliano.

Fractura abierta con minuta de rótula y meseta tibial, con pérdida de masa ósea.

Aplastamiento de la cabeza del peroné.

Fractura con minuta de la rótula…

… (Hay más)

 

 

 

 

 

 

 

Resto del cuerpo:

Nada más allá de la abrasión de un codo y unas marcas en el cuello por los pellizcos de la correa del casco.

Os recuerdo que suelo ir Bien Equipado en moto: Verano e invierno.

De hecho, esa misma chaqueta de invierno con Espaldera la veis en muchas de mis fotos. Ha vuelto a rodar conmigo tras muchos meses de pesadilla.

Secuelas:

 

 

 

 

 

 

 

Tras una larga pesadilla y un millón de avatares que dan para escribir un libro, hemos conseguido que la rodilla “funcione” pero a su manera. Con rigidez

Tiene unos 100 grados de flexión voluntaria que me permiten subirme a una moto con cierta soltura. Pero -10 grados de extensión que me han dejado cojo, con la sobrecarga que supone para el resto del cuerpo y sus complicaciones futuras… o no tan futuras. Como multitud de problemas musculares, calambres, inflamación, artrosis, etc.

Cuidados fisioterapia que salen de MI Bolsillo. y ejercicio De Por Vida.

Finalmente lo que había debajo del agua que cubría el asfalto era lo que se suele conocer como “culebrillas” de alquitrán. Técnicamente se denominan Juntas Selladoras.

Lo comprobaron los amigos que fueron a revisar la carretera. Sabían que algo había pasado, porque no soy un piloto experto, pero sí muy prudente. Algunos casi toman mí mismo camino.

Resolución del Atestado:

Velocidad inadecuada a las condiciones de la vía, cuando no me pasé de la reglamentaria. Que en ese tramo hubiese más metros de junta selladora de los permitidos (me enteré hace un par de años) es… “otra cosa”. También que las condiciones de visibilidad impidiesen saber que había todo esto bajo el agua.

¿¿Pedazo de curva, eh??

El guararraíl roto lo arrancó mi Varadero. Unos metros antes, impacté yo. Lo arreglaron a los pocos días, aunque 8 años y medio después, sigue sin cubrir.

Cómo conseguí que la rodilla funcionase, todo lo que pasó durante esos 21 meses, cómo y porqué he vuelto a rodar, te lo cuento otro día.

Nos vemos en la siguiente entrada.

Lo Imposible tarda Sólo un Poco Más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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4 comentarios en “Chocar contra un Guardarraíl: El día que cambió mi vida”

  1. Está genial que compartas tu experiencia para que otros se den cuenta de lo que sucede.
    Me alegro que estés bien y que hyas podido subir de nuevo a una moto.

    1. Sí. El tema accidentes de moto es bastante tabú,pero como soy de ir un poco a contracorriente, me ha dado por contarlo. A parte de que buenos amigos que también han tenido percances me han animado a hacerlo. Muchísimas gracias por leerme y te animo a que te suscribas al blog para seguir mis «aventuras» Un saludo!!

  2. Akromatikamoto

    Hola, gracias por compartir tu experiencia. He sufrido una caída con fractura compleja y no hay cosa que desee más que volver a subirme a una moto y tu historia me da ánimos para seguir a tope con la rehabilitación. Aunque la parte más complicada es la del miedo a volver a caer mal y romperte…. Un saludo

    1. Hola! En primer lugar, muchas gracias por leerme. Siento que estés pasando por este trance, aunque también te digo que, si no hubiese sido en moto, podrías haberte lesionado de mil maneras diferentes en actividades sin tanto o ningún riesgo aparente. Como digo siempre «Cuando está para uno, lo está». Tanto la recuperación como volver a rodar requieren sus tiempos, que en cada persona son diferentes. Pero ahora lo realmente importante eres tú y recuperarte lo mejor posible. He visto las fotos de instagram y la avería es curiosa aunque la caída fuese tonta.
      Un Saludo y Muchiiiiiiiiiiiiiisimo Ánimo y Fuerza. Lo Imposible tarda solo un poco más.

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