En el Capítulo Anterior…
Entro en Austria

Así dicho puede no resultar para tanto. Hablamos a diario de cualquier país del mundo como si todo estuviese ahí al lado, pero para alguien que una semana y pico antes apenas había pasado en moto de la frontera francesa, Austria está lejos de cojones.
El camino desde Cortina D´Ampezzo a la frontera me lo esperaba diferente: una llanura de espesos bosques y lagos por la cual discurre una carretera de largas rectas, salpicadas de alguna curva traicionera.
En una de estas, un par de moteros austriacos me pasan como si se les enfriase la cena, jugándose la vida adelantando en plena curva y en la siguiente. La tarde cae. El tráfico es denso.
Estoy cansado después de un día de puertos y calor, voy justo de gasolina, pero súper contento. La ruta por los Dolomitas estaba siendo de ensueño.
Solo aquel día había justificado todo el viaje.
Noto un cosquilleo nervioso e ilusionado a partes iguales. Cruzar a Austria es salir totalmente de mi zona de confort. Nunca había estado tan lejos, ni tan al norte, ni… -”¡joder! ¡¡ Estoy en Austria!!”
El Grossglockner
El Grossglockner (gran campanario en alemán) es la montaña más alta de Austria con 3800m y la segunda más alta de los Alpes tras el Mont Blanc. Está enclavada en el Parque Nacional Hohe Tauern entre los estados de Carintia y Tirol, a unos 50km de la frontera con Italia.
Todo esto viene a aportar un poco de cultura general y a que como a mí, el nombre no te lleve al huerto a la hora de buscar hotel. Así cuando llegues no te llevarás el chasco de que estás a más de una hora de donde pretendías ir… jeje.
El Gasthof Lesacherhof

El Gasthof Lesacherhof es un pequeño hotel restaurante de esos en los que cualquier buen motero sueña despertarse: un paraje rodeado de montañas, una aldea medio perdida… ¡¡¡buah!!!
Lo de que quedase un poco a tomar por saco de la ruta pasa a ser totalmente secundario al ver el sitio y el precio, pues comparado con el resto da para la diferencia de gasolina.
Me apetece decirte de este sitio porque es un hotel familiar, los dueños son un matrimonio joven con hijos (de hecho alguna andaba ya por allí ayudando a recoger la cocina después del servicio de cenas…) No sé. Me pareció súper entrañable:
El trato fue espectacular, salvamos como pudimos el tema de los idiomas, el sitio mola muchísimo, la comida muy rica, y la cerveza espectacular.
Si la habitación llega a tener baño completo y estar en un primer piso en lugar de un tercero sin ascensor, sería un 10 de sitio. Así lo dejamos en un 9´5. jeje
Pero mola. Con más pasta para probar a la carta y un traductor de idiomas mejor, volvería mañana.
Grossglockner High Alpine Road o Grossglockner Alpenstrasse
La Grossglockner High Alpine Road o Grossglockner Alpenstrasse es la carretera que cruza el parque natural desde la localidad de Fusch, en Salzburgo, a través de la Grossglocknerstrasse hacia Heiligenblut am Grossglockner, en el lado carintio. Como creo que la mayoría de este tipo en Austria es de peaje y no precisamente barato.
Para una moto son 33€ pudiendo estar todo el día allí recorriéndola, haciendo senderismo, etc

Entre peaje y peaje tienes un par de tiendas de souvenirs, un bar restaurante en la parte más alta del passo, un mirador que está unos cuantos metros por encima de esto, pasas al lado de lo que queda de un glaciar… es un sitio curioso la verdad.
Para que tengas toda la información, te dejo aquí el enlace de la página web oficial:
Mi visita a la Grossglockner Alpenstrasse:
Por la mañana me levanto cansado: ya son días intensos fuera de casa, muchos kilómetros y todo esto comienza a notarse. Después de un desayuno a la austríaca, trato de ponerme en marcha lo antes posible. Al límite de la reserva, lo primero es buscar gasolinera. En las low coast no me entiendo con el idioma y el traductor tampoco; así que toca ir a una de las de siempre y pegarse con el idioma. Una vez más, viendo mi cara de guiri, la gente es súper amable.
Es algo que me llamó profundamente la atención del país, porque me los esperaba más secos, pero para nada.
Tengo marcado este lugar en mis sueños desde hace muchos años y quiero vivirlo como si no fuese a volver nunca.
Una vez me libro de los primeros atascos del día en la zona de Lienz, el cemento y asfalto dan paso a la inmensidad de la montaña.

Tras más de una hora de camino llego a Heiligenblut. La carretera, casi toda a través de un valle, es flipante. Largas rectas, pronunciadas curvas, motos, pequeñas aldeas, verdes praderías flanqueadas por montañas…
El clima a esta hora es perfecto para rodar: un sol radiante, hace fresquito… no puede ser mejor.
Mi amiga Birgit:
Desde que he pisado Austria no dejo de acordarme de mi amiga Birgit: una alemana en cuya vida se cruzó un buen día un galleguín y que por amor terminó en tierras Ferrolanas.
Todavía recuerdo la primera vez que me gastó una broma. Me pilló tan de sorpresa que no supe como reaccionar. Creo que me puse colorado y todo.
Una alemana de aspecto serio y frío gastando bromas… joder. Con eso no contaba. Jeje.
Desde aquel momento comenzamos a tener más confianza y poco a poco va surgiendo una bonita amistad. La verdad es que a medida que la conozco, no deja de sorprenderme. Realmente es de esas personas que se hacen querer.
Cuando le dije que venía a este lugar cuyo nombre ella pronuncia de una forma totalmente diferente, le hizo mogollón de ilusión.
-“Hallo mein Freund” (hola amiga mía) Fue mi saludo cuando volvimos a vernos hace unas semanas. Ella se rió.
Patri: Va Por Nosotros
Cuando por fin llego al peaje, vuelve ese cosquilleo nervioso y emocionado de los grandes días.
Tras las primeras curvas los árboles desaparecen dejando paso a un paraje totalmente raso.
Camino de la primera cumbre, al lado de un pequeño túnel, las curvas se suceden mientras tanteo la carretera (pelín más estrecha de lo esperado). El desnivel es curioso y gano altitud con celeridad. Aunque el lugar es realmente bonito, no creo que sea más que la parte italiana.
Trato de tomar las paellas con decisión, pero cada vez me encuentro más nervioso. Estoy logrando un nuevo objetivo vital.
La llegada al mirador fue más que nunca una explosión de emoción.
Lloro por dentro mientras no dejo de pensar en Patri: Una buena amiga que la vida arrancó de nuestro lado hace casi un año. Se alegraría tanto de que hubiese conseguido un nuevo reto…
Totalmente roto y nervioso doy vueltas de un lado para otro cual león enjaulado mientras intento hacer de este momento algo totalmente especial e irrepetible.
Me he traído desde Galicia una de esas cervezas que tanto nos gustaba compartir. Con los ojos vidriosos trato de hacer un video con la dedicatoria, pero no consigo terminarlo de forma inteligilble y sin llorar.
Sé que ella me habría pegado una colleja al verme así, pero ha sido con diferencia la cerveza más triste que me he tomado en mi vida.

– “ Patri, tía. Va por tí. Por nosotros”
Incapaz de tirarla a la basura viendo a mi amiga en ella, dejo la botella en un lugar bonito con el 7 mirando a la montaña, pero fácil de encontrar para que algún operario lo haga por mí.
¡¡Hostia tío… Pero que bien hablas Español!!
Mientras hago lo del brindis aquello comienza a llenarse de gente. Un grupo de moteros de la zona aparcan al lado de la mía. Nada más bajarse va uno y me dice…
-“¡¡España!! ¡¡Puigdemont!!”
Sin mirar para el paisano pienso la de:
“¡¡¡¡ joooooooooder… Aquí está el primo independentista del fan de Mussolini!!!!. Era lo que me faltaba…”
Pero no. Este era mucho más majo.
– ¿¿No te gusta Puigdemont?? prosiguió.
-¡¡Hostia tío… Pero que bien hablas Español!! ¿¿No?? respondo para cortar un poco el tema.
“La verdad es que no. Pero ni ese hombre ni ningún otro político”
Era un tío de unos 60 años, con buen porte, ojos claros y cara sonriente que al responderle así me mira con una expresión entre extrañeza y resignación.
-Si… hablo un poco. Jeje. Muchos años yendo de vacaciones.
Tú tienes un acento extraño. ¿¿De qué parte de España eres??
-De Galicia. ¿Conoces Santiago de Compostela? ¿El Camino de Santiago?
– Conozco Galicia. Lo visitamos hace unos años. Un lugar precioso. La verdad es que soy de esos guiris a los que les gusta un poco de todo… ¡¡jajaja!!
Estaríamos unos 15 minutos de cháchara, luego se fue a tomar un café con sus acompañantes mientras yo sacaba fotos. Cuando volvieron a las motos, me acerqué un momento a despedirme. Un tipo realmente agradable.
Grossglockner High Alpine Road. Un lugar diferente:

Nada más pasar el túnel el panorama cambia totalmente, las praderas se tornan pedregales grises y fríos surcados por pequeños arroyos que se precipitan montaña abajo.
Justo antes de comenzar el último tramo de subida para llegar a la cumbre de verdad, está el lago Fuscher junto a una pequeña cabaña museo.
Arriba, la tienda/restaurante adornada con diferentes banderas, es un lugar de apariencia pomposa y pija cuyos precios no me atreví a averiguar. Sus alrededores son mucho más bonitos que el tramo anterior al recuperar los tonos verdes y marrones.
De fondo puedo observar lo poquito que queda del glaciar, que me gustaría visitar con más nieve. Aún así me parece un sitio realmente digno de ver.
Como mi intención era volver a Italia para ver el Lago di Braies (como ya te conté fue imposible) y de ahí al Stelvio; hago la bajada hacia el peaje de Ferleiten y vuelvo para salir por donde entré.
La cara norte, la más bonita:

Sin despreciar el resto, coincido con la mayoría en que la parte de de Heiligenblut es más impactante que la sur por su concentración de picos alrededor, los colores… hasta la carretera parece que gana en diversión. De no ser por el tráfico que a aquellas horas comenzaba a ser importante y los domingueros, costaría pararse a mirar el paisaje en esa cacho carretera. Preciosa, revirada, empinada… la verdad es que el sitio parece un museo al aire libre. Un parque de atracciones para moteros.
Yo me recreé con el paisaje durante la bajada para tratar de divertirme un poco más en la subida de vuelta. Con las precauciones oportunas, lo conseguí..,. bastante. Jeje
El Mirador: No subí
Cerca de la cumbre, un estrecho camino adoquinado con fuerte pendiente te lleva a un mirador, un parking y unos chiringuitos que están bastante más arriba. Dicen que son las mejores vistas del lugar, pero ya cerca del mediodía aquella senda llena de tornantis era una verbena de coches, motos y caravanas que se cruzaban sin cesar. Viendo el panorama no me apeteció nada subir para luego tener que andar a codazos por una foto. Así que, para otra.
Prefiero sentarme en la paredilla a ver las montañas mientras me como un bocata. De fondo el sonido del viento se mezcla con el de motos y algún deportivo.
Objetivo Cumplido:
Desde que he vuelto del viaje, hablando con gente ha habido alguno que me comentaba que para él no fue para tanto y que no volvería.
A mí si me gustó y repetiría. Pero es cierto que después de estar en los Dolomitas italianos me esperaba algo más. Posiblemente con más nieve en los alrededores gane mucho.
Tras más de medio día de emociones dejo el Grossglokner realmente contento y feliz por haber alcanzado otro de los objetivos de este viaje.
Está siendo un día muy agradable, pero sobre todo Emocionante.
El Stelvio:
El Hotel de Solda:
Cuando llego al Lago di Braies y veo el pitostio que hay allí montado, me agarro un cabreo de la leche: “¡Me piro de aquí!. Mierda de aglomeraciones…”
La verdad es que hay momentos en que mi mal genio me hace tomar decisiones equivocadas. Aunque viéndolo con perspectiva sería difícil haber evitado aquella tarde de mierda: el clima andaba revuelto con bochorno, atascos, obras… Tras casi 6h de viaje para olvidar acabo hasta las narices no, lo siguiente 3 veces. Totalmente reventado y desquiciado.
Viendo que en Prato allo Stelvio los precios son imposibles, encuentro hotel más a precio en una pequeña localidad llamada Solda o Sulden, cerca de allí.
Mientras trato de aparcar la moto delante del hotel, sale un camarero a darme indicaciones. Un chaval joven que al ver mi chapurreo de idiomas, comienza a hablarme en español.
“¡¡¡¡Dios!!!! ¡¡¡Siiiiiiiiiiii!!! Esto tiene que ser una señal”. – Pienso mientras hago el checking y me acomodo para la cena.
Jean Carlo es un chaval de veintipocos años. De madre latina y padre alemán, siempre le gustaron los idiomas y habla un casi perfecto español con acento de muchas partes. Un chaval amable y dispuesto con el que hago buenas migas.
Espero que leas esto y que siga todo bien. Un Saludo

Lugar acogedor, buena comida, una aldea pintoresca, acogedora y con servicios…Al final me quedaré dos noches en este hotel.
El Stelvio. Esta vez va a ser que no:
Otro de mis objetivos para este viaje era, como no, subir al Passo del Stelvio. La meca de todo motero de pro y uno de los puertos más vertiginosos y técnicos de Europa. Una carretera masificada de tráfico y según dicen bastante peligrosa.
De camino al hotel, me encuentro con un porrón de moteros que bajan del famoso puerto. Aquello, una vez más, parece una romería.
Esto, el cansancio, la falta de sueño me hacen comenzar a darle vueltas al tarro. Después de cenar comienza a llover, llueve cada vez más, le doy más vueltas al tarro… No me apetece un carajo pasarlo mal con las alturas y jugarme una caída tonta por inseguridad o por culpa de otro para no ver nada.
Despierto con las primeras luces del día. Sigue lloviendo y seguiría durante todo el día. La montaña está totalmente cerrada de niebla y no se ve un pimiento. El Stelvio no quiere que suba.
Me tiro todo el día haciendo colada, dormitando, algo de ejercicio y preparando la entrada a Suiza.
Al día siguiente llueve todavía más.
“A tomar por culo el Stelvio. Me piro para Suiza”
Continuará…
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Como siempre: Infinitas Gracias por leerme. Nos vemos en el siguiente.
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Que vistas tan impresionantes!!!
E non viches as que perdín da cámara…
Gracias por tú crónica, viajamos contigo al leerla.
Un abrazo gavilán.